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Más de nueve horas de caminata y aventura

aliendo a las tres de la mañana de la ciudad de Chiquinquirá rumbo al occidente del departamento, a las misteriosas tierras de la esmeralda, un grupo de comunicadores integrado por Leonel Hernández de Chiquinquirá Publique, Hernán Rojas del diario Extra, Álvaro Hernández fotógrafo y estudiante de Medios audiovisuales del SENA, Romilio Rodríguez del periódico Mirando El Campo, con el objetivo de hacer la travesía por unos de los pulmones más grandes del país, para grabar en sus herramientas de trabajo la agreste topografía, la belleza de sus paisajes, la flora y la fauna de este mundo mágico que se engalana con tonalidades verdes follaje, perdiéndose en el horizonte con el azul de cielo.

Después de tres horas de recorrido en vehículo llegamos al bello municipio de Otanche Boyacá a tomar el desayuno. Allí muy amable nos recibió Carmenza Buitrago, Inspectora de Policía de la zona rural del corregimiento de Betanía. Ella nos dio las indicaciones y el contacto de la persona guía que nos iba acompañar a hacer todo el recorrido.

Luego continuamos por la vía hacia el municipio de Puerto Boyacá, encontrando 10 kilómetros pavimentados con pequeños trayectos destapados. Continúa toda la carretera destapada hasta el Puerto junto al Rio Magdalena, en una distancia aproximada de 97 kilómetros entre los dos municipios, que hace mucho tiempo la comunidad de esta zona está esperando que el gobierno cumpla con la terminación de pavimentar de la vía. Recorriendo 35 kilómetros llegamos a sector de la “Y” donde nos esperaban los señores Javier Hernández, Presidente de la Junta de Acción Comunal de la vereda de la Quinchas y Víctor Julio Fajardo, habitante del sector y quien fue nuestro guía para iniciar travesía a pie por la “Serranía de la Quinchas”.


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En las graficas (foto 1), Leonel Hernández, Víctor Julio Fajardo, Alvaro Hernández y Hernán Rojas. (Foto 2), Soldados del Batallón Sucre de Chiquinquirá, quienes cuidan la zona. (Foto 3), Romilio Rodríguez fajardo, Director de Mirando El Campo dentro la espesa jungla, sobrepasando los obstaculos de la Serranía de la Quinachas.

A las 8:15 a. m. con morrales a la espalda cargados de alimentos y bebidas hidratantes, más equipos de fotografía y de filmación, prestos a registrar la naturaleza, empezamos la caminata hasta la vereda la Cristalina perteneciente al municipio de Puerto Boyacá. A poco tiempo pasamos por cerca de una base del ejercito del Batallón Sucre de Chiquinquirá, quienes cuidan esta sector y que al paso de nosotros salieron a verificar por seguridad. Seguimos camino con el señor Fajardo nuestro guía, él muy amable nos iba respondiendo las preguntas que le hicimos de la zona, ‘como si fuera un interrogatorio’, por el camino lleno de follaje encontrarnos varias viviendas abandonadas, sus dueños se fueron por falta de oportunidades por parte del gobierno y porque también la “Serranía de la Quinchas” está declarada zona de reserva forestal y se prohíbe la tala de árboles, la ganadería o los cultivos extensivos. El programa de Guarda Bosques se acabó, que era una entrada económica de algunas familias de la serranía.

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En zigzag como marca el camino de pie, descende hasta una quebrada seca, las piernas empiezan a flaquear por lo empinado del terreno, el calor intenso y el bochorno empiezan a bajar el ritmo de la caminata, pues se necesita de buenas condiciones físicas para hacer la travesía de unos 12 kilómetros aproximadamente hasta el destino final, la vereda La Cristalina de Puerto Boyacá. Víctor Julio Fajardo de 60 años nuestro guía no tiene ni muestras de cansancio, está acostumbrado a las duras jornadas de trabajo que desde niño le tocaba caminar por trocha y a caballo desde Puerto Boyacá o de Otanche hasta su vereda, llevando a sus espaldas los implementos de primera necesidad, como la panela, la sal, la carne etc, y viceversa llevando plátano, café y yuca al pueblo para vender.Seguimos sendero hasta llegar a unos de los íconos de la serranía, el famoso “Cerro de las Quinchas” o la “La Aleta de Tiburón”. Cuando el sector está nublado parte del cerro sobre sale por encima de la nube, visualizándose desde la distancia como si fuera la aleta de un tiburón; de ahí su nombre. Desde este lugar se divisa excelentemente Puerto Boyacá, el valle del Magdalena, con su río culebreado el más grande del país. Lleno de encanto y embrujo por el espectacular lugar y después de un pequeño descanso y zona de alimentación seguimos camino ladera abajo por la espesa manigua.

Cerca de la 1:00 p.m. hacemos la segunda parada en la quebrada las Quinchas para tomar el almuerzo que cada uno lleva, compartiendo como se hace en los convites, mientras tanto avistamos las mariposas más hermosas y costosas del mundo, únicas en el Occidente de Boyacá. Sus colores azules y tonos simulan el verde esmeralda, en sus alas vuela la esperanza de la paz de Colombia.

 Camino seguido se llegó a la quebrada la “Cristalina” con espectaculares chorros y cascadas refrescantes. Su nombre no es para menos, sus aguas totalmente transparentes como el cristal de alta pureza, de la cual bebimos sin ningún tipo de desconfianza. Continuamos aguas abajo hacia el Magdalena hasta encontrar los misteriosos túneles de la Cristalina; el primero de 240 metros de largo por 25, 30 hasta 40 metros de alto, según la ondulación de la topografía del terreno. Proseguimos por entre el agua que daba a la altura de la cintura de cada uno de los caminantes, pues es paso obligado.

Más abajo pasamos por los otros dos túneles que son cortos, adornado con estalagmitas que se forman con el escurrir del agua durante centenares de años, al arrastrar sedimentos minerales creando puntas con la misma dureza que la roca. En los túneles también hay ecosistemas donde se encuentra principalmente los guacharos un tipo de ave nocturna, los mimo que los murciélagos y otras variedades de animales propios del lugar. En la zona hay avistamiento mico rojo aullador, serpiente mapaná, tarántula rosada, pajuil y oso de anteojo.

FaunaQuinchasAlgunas especies propias de la zona, el Paujil, la Araña Rosada, Serpiente Mapaná y el Mico Rojo Aullador. (Fotos cortesía Camilo Altamar).

Después de 10 horas de camino llegamos al Cañón de la Cristalina destino final, con gran satisfacción del deber cumplido, llevando una huella en la mente y en el alma de la riqueza tan increíble, que la ‘Madre Natura’ nos ha dejado como legado para esta humanidad y futuras generaciones, que van a heredar para bien de todas las especies vivientes.

Algunas recomendaciones: En el caso de los túneles o cajones, su paso solo es posible en tiempo seco, porque época de lluvias aumenta el riesgo. Se debe tener buenas condiciones físicas para hacer la travesía, llevar bastante líquido para hidratar, bloqueador solar, calzado corrugado, no botar residuos sólidos y llevar una bolsa para recoger papeles plásticos y contaminantes que encuentren en el recorrido.

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